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Trágica muerte de 42 personas sucedió un día como hoy en la quebrada de Asana | Moquegua

Por: Rony Flor Coayla

LOS 42 DE QUELLAVECO

Muertes en asientos mineros, hubo otro hecho que sucedió el 19 de octubre de 1993, pero no eran trabajadores propiamente mineros, sino comerciantes que usaban rutas alternas para llevar mercadería ilegal.

A eso de las 10:00 horas de ese día, nos encontramos en la calle Cajamarca frente a las oficinas donde elaboraba planos de construcción el Ingeniero y ex alcalde de Moquegua, Antonio Cabello Oviedo, él mismo nos comentó que una amistad que bajó de Cuajone se enteró por radios de comunicación sobre un fatal accidente con cualquier cantidad de muertos por el camino a la mina Quellaveco.

Sería un rumor o simplemente una especulación, pero a las 13:00 horas la noticia se hizo real cuando varias fuentes confirmaban del hecho y certificaron a través del Ministerio Público, desde donde partió a la zona la fiscal Mercedes Tadeo. El colega Guido Falcón Nivín, administrador de Expreso Internacional Ormeño, tenía un poderoso auto Toyota Corona 2000 color verde petróleo y se ofreció ir hasta el mismo lugar de los hechos. Minutos después emprendimos el viaje con el “pata de fierro”, tiraba su caña y la máquina no se chupaba en la cuesta. Cuarenta minutos después pasamos Cuajone rumbo a Quellaveco, en plena ruta nos cruzamos con la fiscal y algunos policías que volvía del lugar del accidente; 5 kilómetros más arriba nos encontramos con un camioncito color azul de GUCSA, empresa del Ing. Gustavo Cueto, que hacía mantenimiento en el asiento minero donde ahora se hace una inversión millonaria y la mina más moderna del país.

El conductor era Hernán Hurtado conocido como “Latas”, vecino de la calle Ancash, ex seleccionado de fútbol de Moquegua, quien al detenerse nos dejó subir a la unidad y ver un montón de muertos, no eran todos, parecían sacos de papas que llevaba a la morgue de la Av. Bolívar en Moquegua. Los cuerpos iban desordenados, unos sobre otros; ya había visto varios muertos antes, pero nunca tantos juntos porque en total fueron 42.

Al consultar sobre el punto del accidente, nos dijo que estábamos a solo tres minutos del macabro escenario y cierto, en la siguiente quebrada encontramos a cerca de 20 policías frente a una fila de cadáveres que fueron apilados a unos pasos del río Asana, unos cuantos kilómetros más abajo del corazón de la mina.

¿Qué había sucedido? El hecho sucedió un lunes, cuando 43 personas viajaban en la tolva de un camión, de unas 30 toneladas de capacidad, color amarillo nuevecito, procedente de la feria del “Altiplano” en Tacna cuyos comerciantes volvían a Puno y Juliaca. Para evadir puestos policiales lo hacían por la ruta Camiara, luego la ruta a Toquepala, Cimarrona, para seguir por un costado de la mina pasando por Quebrada Hondasana, para seguir por detrás de Cuajone y aparecer entre Santa Rosa y Masocruz.

El viaje lo hacían de noche, luego de salir de territorio tacneño, el vehículo lleno de personas y cargas bajaba a la quebrada de Quellaveco, pero la inexperiencia del piloto que aparentemente descendía en cuarta o quinta, el pesado vehículo se le hizo incontrolable y cayó al abismo dando como una especie de volantines. Los pasajeros en su gran mayoría terminaron con los cráneos destrozados y de la máquina solo un pedazo de la cabina y el motor a unos pasos del río expresaban lo fatídico del suceso.

Murieron todos a excepción de una niña de dos añitos, hija de la esposa del chofer y propietario del camión. Ella de nombre Noemí que iba en la cabina, fue la única que sobrevivió y debido a ese suceso en el mes de octubre la “bautizamos” con el nombre de “Milagros”, porque fue un milagro que quedara con vida. Se concluyó que su madre la salvó al cubrirla con su cuerpo yendo en la cabina.

Hasta en horas de la noche los 42 muertos fueron llevados a la morgue de Moquegua y eran tantos los cadáveres que ese día no fue suficiente para practicarles la autopsia de ley. Esa vez al médico legista se sumaron estudiantes de obstetricia de la naciente Universidad Privada, quienes colaboraron con ese trabajo.

En Lima Radio Programas informaba del hecho a todo el Perú a través de su corresponsal de Moquegua Lalo Arias, pero era increíble de creer. Tantos muertos fueron reportados que parecía un accidente aéreo porque nadie vivió para contarlo, solo una niña que hoy no recuerda absolutamente nada.

Esa vez desde la cima de un cerro, camino entre Quellaveco y Cuajone, nos comunicamos por radio móvil e increíblemente llegó la señal a Moquegua y, a través de Radio Minería cuando funcionaba en la calle Ancash, un poco más abajo de la plaza de armas, difundimos el hecho jamás registrado en territorio moqueguano.

La noticia no dejaba de ser conmovedora, fue tan singular el hecho que tiempo después apareció en un programa internacional “Noticias al Extremo”.
Retornando a Moquegua nos dirigimos al hospital de Cuajone, donde había sido llevada la pequeña, el médico de turno nos permitió acercarnos a la niña y dijo que no tenía ninguna lesión de consideración, salvo los golpes que pudo haber sentido. Su madre le salvó la vida.

Con los muertos hubo otras historias, como a todos no se les podía practicar la necropsia esa noche, se dejó el trabajo para las 7:00 horas del día siguiente y cuando el personal se preparaba a realizar la revisión de los cuerpos desnudando los cuerpos, aparecieron raudos un par de sujetos procedentes de Tacna preguntando por uno de los difuntos. Cuando le estaban consultando a un policía, uno de ellos se dio cuenta que estaban frente al finadito buscado y para certificar que lo conocían se dirigió a uno de los pies del cadáver, le sacó la media y de la misma planta le sustrajo un fajo de dinero envuelto en plástico, eran dólares.

El policía que quiso detener ese procedimiento, que no dejó de sorprenderlo, no pudo hacer más porque uno de los sujetos le dijo al otro, contrata una funeraria y compra el mejor ataúd, esta plata es de mi primo y nadie se la va agarrar. Horas más tarde el muerto era trasladado a la ciudad de Tacna en un servicio especial.

Hubo un técnico que trabajaba en la morgue y a él le dieron la responsabilidad del muerto, cuando contó lo sucedido, dijo que se había perdido la oportunidad de “hallarse” cerca de US$ 4 mil dólares, con esa platita se hubiera comprado un carrito, claro siempre y cuando no hubieran aparecido los familiares.
Este artículo se publicó en el libro “RELATOS DE UN PATA DE PERRO”

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