CRÓNICA: La desesperación y desorientación de los animales ante la pirotecnia

MarioRospigliosi

Su nombre era Guty, un perro mestizo de cuatro años. Vivía en la comodidad de su hogar, en Villa El Salvador. A pesar de su edad, de un salto dejaba de dormir cada vez que escuchaba un sonido fuerte y se escondía debajo de la cama más cercana.

“Debajo también se escucha”, le decía su dueña, Amanda Rojas, quien lo abrazaba para tranquilizarlo.

“Cada vez que llegaban las fiestas de fin de año, lo tenía cerca a mí para que se sienta seguro. Sin embargo, minutos antes de la Navidad de hace tres años, desapareció. En la calle ya sonaban las explosiones de los cohetones cuando salí a buscarlo. Nunca más lo volví a ver”, narra.

De acuerdo al veterinario Antony Silva, la mayoría de perros que sufren ante la pirotecnia son nerviosos, están en cuadros de estrés o genéticamente tienen una predisposición a ser más hipersensibles al sonido.

“El sonido de los pirotécnicos para ellos no es como normalmente lo escuchamos. Sienten el ruido como si fueran bombas y, de inmediato, entran en pánico. Muchos salen de sus viviendas, se desorientan y se pierden. Otros, como son nerviosos, estarían en riesgo de sufrir un paro cardíaco. Sobre esto último también se debe tener en cuenta si el perrito es obeso”, sostiene el especialista, quien añade que en el caso de los gatos es similar.

Para afrontar esta difícil situación, el médico veterinario recomienda que las personas que tienen mascotas en casa permanezcan junto a ellos durante el tiempo que suenen los pirotécnicos, ya que lo más necesitan es sentirse seguros. Asimismo, además de colocarles tampones en las orejas, pueden aplicar la técnica Tellington Ttouch, que consiste en vendarles el torso con una chalina.

“Este cruce de la tela les quitará un poco la tensión provocada por el ruido y se sentirán más seguros”, agregó.

Abandono del nido

En medio del estruendo de medianoche, mientras el cielo es iluminado por bombardas, las aves, especies que se transitan por la altura, pierden la orientación y, en el peor de los casos, mueren.

Según explica Alejandro Cotillo Mendoza, especialista en biodiversidad de la Autoridad Municipal de los Pantanos de Villa (Prohvilla), las aves “están más tranquilas” cuando están en espacios en los que haya ruidos menores a 50 decibeles. Es decir, el ruido del tránsito vehicular las perturba.

“¿Por qué no hay mucha diversidad de aves en zonas urbanas? Porque el ruido que emiten estos lugares es mayor a los 50 decibeles”, señala.

Sin embargo, la pirotecnia puede alcanzar hasta los 185 decibeles.

Una de las principales zonas de refugio silvestre del país es Pantanos de Villa, en Chorrillos, lugar que alberga a más de 200 especies de aves. Este espacio también es el lugar de descanso de las aves migratorias.

Para su tranquilidad, estos pájaros se internan en la parte central del recinto, lejos de las zonas que colindan con el inicio de la zona urbana. A pesar de ello, el fuerte ruido de los productos pirotécnicos los alcanzan y provocan efectos nocivos.

“A muchas aves les da taquicardia. Las aves recientes, que son las migratorias que están anidando, abandonan sus nidos, lo que pone en riesgo su reproducción. Otras alzan vuelo, pierden la orientación y, como no saben que existen límites, muchas veces son atropelladas. Además que, si hay ruido permanente, provoca que se alejen las comunidades de aves y ya no regresen”, añade Cotillo Mendoza.

Créditos: La República