El tanque de guerra en Moquegua que tuvo su historia en la guerra con el Ecuador

Escrito por Rony Flor

Uno pasa a diario por la Av. Ejército y en el cruce con la Camilo de la Torre hay un parque, a veces recinto de borrachos, con un tanquecito de guerra que parece de juguete, pero ese blindado no es para jugar, ese es un tanque de origen checoslovaco fabricado en 1938 y que sirvió en el conflicto del año 1941 sitiando Guayaquil y Cuenca, cuando vencimos a Ecuador. Ya les cuento más abajo.

Hay hechos que usted no sabían, por ejemplo de las piscinas antiguas de Moquegua. A parte de la histórica del Pisanay donde se bañaban como venían al mundo. Hubo la del Colegio Santa Fortunata donde “La Vieja”, Víctor Cuellar, hermano del “Gato” Fernando, que fue capitán de la “U”, se tiraba unos clavados desde el techo donde quedaba la biblioteca del plantel. Yo llegué a verla llena, pero desaguarla era un problema, cada vez era más difícil cuando se construyeron las casas de FONAVI I Etapa.

También la vi vacía, cuando un niño de nombre Sandro, estudiante de primaria, empujó al hijo del carpintero del colegio don Juan Puma, el pequeño terminó en el hospital, casi lo mata. Ese niño se llama Boris y ahora adulto a veces lo veo haciendo taxi.

En el Simón Bolívar, en los años 70 había memorables jornadas futboleras en la cancha que está actualmente en la misma posición, después de éstas los muchachos corrían para meterse en la piscina como patos. Una vez el agua estaba concha porque se captaba directamente del río, un adulto sin saber nadar le estaba enseñando a un menos el “abc” de la natación, de pronto se sumergió y desapareció.

La búsqueda era en vano, había pasado más de una hora, al rato llegaron los peloteros y uno después de una zambullida salió gritando “hay alguien abajo!” y efectivamente se metieron con sogas y sacaron al difunto, estaba hecho una pelota.

También funcionó la de las 50 Casas, donde incluso funcionaban las academias vacacionales, era pequeñita y ahí creo que está, pero no recuerdo de algún muertito. Una vez me estaba ahogando y Alfredo Gámez, ahora abogado, me salvó jalándome de los pelos.

Hablando del “Gato” Cuellar, vivía en la calle Lima y después su familia se fue para el pueblo joven El Siglo, de los grandes deportistas. Su hermano el “Trayler” me contó que Fernando siendo mozuelo ya tiraba su pelota, reforzó a varios equipos y se hizo conocido en el sur. Una vez, debe haber sido mucho antes de fin de año, llegaron a Moquegua coincidentemente dos dirigentes, uno de Universitario y otro del Melgar, lo fueron a buscar al 980 y allí les dijeron que ya había pasado al Simón Bolívar, indagando en las aulas se informaron que el colorado estaba jugando fútbol en el Gramadal. Hablaron con él y después con su mamá, la señora Teodora Avalos, les dijo que primero tenía que terminar de estudiar, al tiempo los comisionados volvieron y el muchacho eligió la capital con los colores de la “U”. Un dato, cuando Universitario hacía sus giras anuales en provincias ponía condición que los rivales de Tacna y Arequipa se refuercen con el moqueguano.

Los peluqueros, habrán más antiguos pero en mi memoria están la peluquería del señor Simauchi, en la 7ma cuadra de la calle Moquegua, no era solo, tenía ayudantes; “El Sol” de la 7ma cuadra de Junín frente a la tienda del jorobadito Pinto, otra en la esquina delas calles Arequipa y Ayacucho, la de Pepe a media cuadra de la comisaría, el hombre después se volvió loco y andaba con un palo por la Villa.

Hay otro más, del chino Curasi, en la calle Piura intersección con Omate, donde ahora queda el restaurante Dancardia y otro en la esquina de la Moquegua con Libertad, creo que era el más viejito.

El que escribe frecuentaba la peluquería “El Sol”, su letrerito tenía un sol dibujado con donde celeste. El veterano que no recuerdo su nombre, tenía un mechón de pelo blanco en la cabeza, el local era de quincha y adobe, los espejos grandes adelante y en la pared de atrás para poder ver en 360 grados como te iba quedando el corte. Desde las tijeras, los chisguetes para echar el alcohol, las navajas para afeitar y el cuero para sacar filo parecían ornamentales y piezas del quirófano. Mientras esperabas tenías algo para leer. Una vez para experimentar me hicieron u corte alemán, o sea casi pelado con un moño por encima de la frente, me dio una vergüenza, más que cuando iba al colegio con el pantalón con hueco entre las piernas, y la tuve que aguantar. Una persona, que no voy a decir si nombre, me preguntó dónde me corto el cabello, le recomendé allí y estilo alemán. Hasta el día de hoy me reprocha jajaja.

Esa zona de Moquegua era la del movimiento y el comercio, después los comerciantes bajaron a la fuerza al nuevo mercado ubicado a un costado de la estación de El Kalamazo. En esa época les parecía lejos del centro y no querían ir.
La chanfainita la preparó por primera vez en Moquegua la señora Estefanía Tacuchi Domíguez de Vilca. Por 1962 su hermano Lucho, que vino de Huánuco a visitarla, la animó para que prepare con papa rellena y vendía en la puerta de la recova. Después le dieron su puesto en el segundo piso del mercado nuevo.

Una vez su esposo Guillermo, que ahora tiene 95 años y es testigo de Jehová, bajaba por la calle Ancash con un triciclo cargado de ollas con chanfainita, el hombre perdió los frenos con el equilibrio y se tiró su volcada espectacular. Ya se imaginarán hasta donde fue a parar la comida. Antes el bofe y pulmón de vaca se desechaba pero ella lo aprovechaba. En vida agradecía al tío Manuel Coayla Saira, quien le regalaba esas partes en el viejo camal que funcionaba por Mariscal Nieto. De los 13 hijos con vida que tuvo, por lo menos tres preparan la chanfaina igualito.
Sobre don Lucho, quien se quedó a vivir en Moquegua, fue el que tuvo su restaurante conocido como las “200 millas” en la parte baja del mercado central, seguro muchos recordarán.

Como decía la frase que acuñó la moqueguana Celia Badoino en un momento cultural de la desaparecida Radio Hogar, “si no lo sabías…” ese tanquecito del parque frente a la Comandancia del Ejército, fue uno de los que participó en la guerra con Ecuador sitiando Guayaquil y Cuenca. No es de juguete, es cosa seria, y si se acercan allí hay una placa que dice: “Este es el tanque denominado ITP-38, de origen checoslovaco y producido en 1938, posteriormente el ejército alemán lo llamaría Panzerkampewagen 38 o simplemente Panzer 38, que se emplearía en los inicios de la II Guerra Mundial y que en Perú sirvió como base del victorioso batallón de tanques ‘Uchumayo’ N° 211 en la guerra contra el Ecuador en 1941 y que hoy es integrante de la 3ra Brigada Blindada en la ciudad de Moquegua”. Si alguien se toma una fotografía allí, dirá “yo me tomé una foto con un vencedor del 41”.
Gracias por el dato, el primo Oscar Zárate Flor, precisó que el despachador de la bodega Villegas hace muchos años fue Santiago Callata que hoy produce y vende piscos, coñac y vinos en la calle 1ro de mayo de San Francisco, arriba por donde comienza la calle Cusco. Y de tragos y borracheras, quien no recuerda la cantina de Rosa La Limeña, en la 3ra cuadra de calle Ilo, al costado de la carnicería del señor Zeballos y el médico Salas, papá de los buenos futbolistas Paco, El Ruso, Elías y Emilio.

La señora Rosa y su esposo el flaco Valdivia que trabajaba en la prefectura, sus hijos Jano, Toño, Nico y Félix, que jugó en La Breña. Allí un asiduo cliente era el Ing. Pocho Coaguila, quien falleció joven y en su tumba le pusieron su foto con una cajita de cerveza.

Pochito era como dicen “el diablo es más diablo por viejo que por diablo”. Varios ingenieros no podían solucionar unas ondulaciones que se presentaban en la pista de la Av. Ejército, seguro por la humedad de la zona, pero llamaron al bachiller Coaguila y “santo remedio”, nunca más hubo problema en esa arteria.
Su papá fue integrante de la banda de guerra del Ejército, a la que le decíamos la “Bandita del 41”, la de las retretas de los jueves en La Alameda y los Domingos en la Plaza. Después del desfile tradicional se tocaban unas cuantas “piezas” musicales que eran del deleite de la concurrencia y cuando se retiraban, era una tremenda tristeza.

Cada domingo después de la misa de las 10:00 con la iglesia Santo Domingo de puertas de par en par, era ceremonial, se izaban las banderas de Moquegua y nacional y quien abría el desfile era la Bandita del 41, adelante con su trompeta el señor Alvarado, que tenía su tienda en la esquina de la Ancash con Cusco, lo acompañaban el moreno Corbacho, Montes Taype arequipeño que por ser buen deportistas lo hicieron quedar en el cuartel, Coaguila, Linares, papá del gerente de Transportes Carlos Linares, el esposo de la señora Albarracín, dueña del conjunto musical “Los Scorpio”, entre otros.

Se quedaban menos de 15 integrantes, el resto se bajaba al cuartel donde hoy funciona la Universidad Nacional de Moquegua, pero qué lindo tocaban y lo hacían con pentagrama. Eran músicos profesionales, eso no me contaron, eso, estos ojitos lo vieron.

Eran los buenos momentos del comercio con el asiento minero de Toquepala, ese que estuvo en las entrañas de Moquegua y el gobierno de Odria le regaló a Tacna en los años 50, a inicios de los 80 cuando miles vivían en Barrio Azul, Barrios Obrero, Bello Horizonte, Miramar, Barrio Nuevo, entre otros 14 barrios, que hacían mecer al puente colgante que unía Plaza con la feria, esa estructura se tuvo que clausurar porque hubiera sido catastrófico si se caía con gente sobre el río plomo.

Hay una anécdota a propósito de los problemas de límites y canon que tuvimos y tenemos con Tacna, dicen que el presidente Odría tenía una secretaria sorda. El general natural de Tarma, provincia capital del departamento de Junín, decía hágase un aeropuerto para Tarma y la sorda ponía Tacna, hágase un hospital pata Tarma y la mujer le ponía Tacna, un estadio para Tarma y ella ponía Tacna. ¿Qué le habrá dicho el general para que la sorda nos desgracie quitándonos la mina?

En esa época de los 80, de Moquegua se llevaba a Toquepala, desde pan Torata, paltas, hasta carnes. Los viernes a las 21:00 horas salían los buses de Julio Paucar y Justo Catacora, eran de esos con trompa marca Ford. Se hacían la competencia y de paso se acompañaban y los sábados por la tarde retornaban. Pero entre tantos viajes, una vez Justo Catacora estaba cansado, entre los pasajeros buscó un reemplazo y éste fue un tal Juárez que después fue sempiterno dirigente sindical.

En la segunda pampa de las tres que hay en la ruta de tierra, por donde hoy se hace la carretera a Quellaveco, parece que el hombre la bajaba en cuarta y la máquina con peso, terminó sin frenos temiéndose lo peor. El dueño que estaba durmiendo al despertar la última opción que tuvo fue jalar el freno de manos, el ómnibus se comenzó a balancear y antes de llegar a la curva donde estaba esperando el precipicio, se recostó arrastrándose por largo trecho.

Las carnes, panes, huevos de chacra, verduras, encomiendas, frutas, quesos y otros productos quedaron regados en la tierra, pero para feliz término no hubo víctimas humanas que lamentar sólo unos cuantos policontusos. Eran escasos los vehículos que transitaban esa vía y no había formas para comunicar el hecho. Horas más tarde y amaneciendo volvió Paucar para auxiliar.

Esa carretera la hicieron la mitad el Ejército y la otra la contratista Biondi, cuando quedó ok muchos la usaban, pero se descuidó el mantenimiento y la mayoría volvió a usar la ruta Moquegua-Camiara-Toquepala. Eso fue en los 80, pero una década antes quien prestaba el servicio diario era la empresa de Delfín Tala y que funcionaba en la 5ta cuadra de la calle Sauzal (Ilo). Cuando bajaban los ómnibus por la calle Ancash, sonaba como una tostana haciendo cancha.
El 14 de abril de 1957 hubo un fatal accidente en la zona de Cimarrona, casi entrando a Toquepala, allí murieron ocho moqueguanos, continuará.


Nota: Este artículo se publicó en el libro Relatos de un Pata de Perro, por Rony Flor