“La Beba y Yo”: La historia de un ileño que vive y labora en Lima

ILEÑO POR EL PARTIDO PODEMOS PERU |

Hace un par de meses más o menos cuando todo lo referente a la pandemia había bajado en cifras y el panorama se presentaba más amigable, nos reunimos en el restaurante de siempre con gente de la oficina para departir y brindar de manera mesurada. Ese día una chica del trabajo nos había seguido sin que nadie se hubiera percatado del hecho, hasta que la vimos subir detrás de nosotros al segundo piso del local y como no era la primera vez que ella nos acompañaba, no nos llamó mucho la atención, muy por el contrario, tomamos con alegría su presencia. Copas van copas vienen la noche se va asentando como la bebida en nuestras entrañas. Ya casi las 10 pm el local ya tenía que cerrar y a veces hay temas que no quedan claros y necesitan mas tiempo de debate para depurarlos de la cabeza. Luego que el dueño nos desalojara amablemente, un compañero aún no había expuesto todo lo que tenía y como un buen amigo me apiade de su necesidad y lo invite a mi barrio fino en Independencia, cerca a la estación naranjal, allí donde luego de las 11 pm caminar o asomarse es solo para gente de la zona o algún valiente con ganas de probar suerte. El restaurante esta a solo una cuadra de mi casa así que no tuvimos que caminar demasiado. Una tienda a un par de casas de la mía nos surtió de unas Pilsen bien al polo y la conversación continuo su trámite. De pronto dos amigos de lo ajeno clavaron los ojos en la mochila de mi compañero que se notaba estaba bien pesada y para la imaginación de los maleantes era oro puro. Los mencionados se acercaron cada vez un poco mas y en eso nuestra amiga que nos había acompañado en el restaurante volvió a aparecer en la escena y con cara de pocos amigos observo a los dos sujetos, ellos vacilaron y se metieron a la tienda como para hacerse los desentendidos. Se me ocurrió que la mochila estaría mejor resguardada en mi cuarto y allí la deje. Los dos maleantes se fueron, nuestra amiga volvió a calmarse y sentarse a nuestro lado mientras seguíamos en nuestra conversación. Ya el reloj tocaba las 12 y las copas habían trepado de más, era hora de despachar al compañero, pero este aun no quería dejar de hablar y a modo de que se pase la borrachera, accedí acompañarlo hasta cierto punto cerca de su casa en los Olivos, que queda al frente de la zona donde yo vivo. Ese fue el error de toda la noche. De camino y nuestra amiga escoltándonos me di cuenta que no era tan cerca donde el vivía. Llegamos hasta un cruce y para pasar al otro lado debíamos ir por debajo de un puente, sabe Dios que nos hubiésemos podido encontrar en ese túnel semioscuro. Mientras avanzábamos yo trataba de encaminar a mi compañero que por los tragos zigzagueaba temerariamente, mientras los carros pasaban a toda velocidad por nuestro lado, solo escuchaba el sonido de sus bocinas y ese rrrrrrraaaauuuunnnnnnn. Fueron varias las jaladas que le di para que no pasáramos a ser parte de las estadísticas de accidentes tan frecuentes aquí en la capital. Para colmo de males nuestra amiga no encontró mejor manera de ponerme los pelos de punta, parándose en medio de la pista, tuve que detener dos veces los autos que me recordaban a toda mi generación por lo osado de mis acciones (la tuya….. por si acaso …desgraciado). Esa caminata debajo del puente pareció nunca acabar y cuando por fin estuvimos a buen recaudo, mi compañero me dijo: “Ya ves, no pasó nada Cristian”. Yo: “Si wey..si tu supieras”. Ya llegando hasta la esquina de su casa voltee a ver a nuestra acompañante que había desaparecido. “BEBA….!!!”, “BEBA..!!”, No estaba por ningún lado. Cuando por fin la divise estaba en la otra esquina, corrí hasta donde ella, imagino que pensaría que yo estaba jugando y corría también quedando de nuevo a buena distancia de mi posición. Después de perseguirla por cinco cuadras y con el pulmón en la mano, pensé seriamente dejar de fumar. Llegué donde ella que me esperaba echada en la vereda y con cara de yo no fui. “Ahora como hago para llevarte de regreso? Ni de vainas pasare por el túnel de la muerte”, pensaba. Entonces sonó la canción de Whitney Houston – I Will Always Love You (El Guardaespaldas). La tome en brazos y camine hasta la avenida mientras trataba de levantar el brazo para que algún buen samaritano taxista me lleve, mientras ella me miraba con ojos de cordero degollado, si, si ese momento fui su héroe. Un taxista paro, abrí la puerta y la metí de un solo golpe. “A la estación naranjal por favor”. El señor me miraba por el retrovisor con una sonrisa y como diciendo de donde me estaría robando esa perrita. A la beba toda la situación le pareció romántica y me estampo un par de lengüetazo en la cara. “Señorita al menos invítame un café primero”. Pensé. Luego ella comenzó a desesperarse, ladrando y queriendo saltar por la ventana, no podía controlarla. Ni bien llegamos al destino, abrí la puerta y salió corriendo como alma que lleva el diablo, ni un adiós, ni un gracias, ni una mirada, en fin la hipocresía, la hipocresía..!!. Pagué el taxi y me sacudí los pelos de la damisela rescatada. Llegué hasta un puesto de sándwich y la volví a ver está vez, estaba haciendo amistad con otros perros. “Beba ya no te salvare si te embarazas así que hasta aquí llego tu guardaespaldas ok”. Comí, pague y me fui con la tranquilidad de que ella estaba a salvo y cerca de casa…..que nochecita caramba. Que nochecita….HASTA PRONTO.

Escrito por Christian Zambrano

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