Cesar Hildebrandt a Lopez Aliaga: “Triste final”

López Aliaga se paseó por todos los canales como Sancho en su casa porque conoce el nivel de periodismo televisivo que tenemos: patético, seudointelectual, arrastrado e inoperante para hacerle el pare al fascismo, pero apenas lo pusieron en un debate, no a que insulte o que mienta, sino a que responda de forma concreta qué cosas iba a hacer por el Perú, demostró lo que era: un personaje inflado por su plata, irresponsable, ansioso, lleno de miedo, tal vez pepeado, con las palabras arrastrándose en su lengua, incapaz de mirar a la cámara más de tres segundos, incapaz de mirar a sus contrincantes a quienes había llenado de insultos día tras día, pegado a su papel mientras se le empapaba la espalda de sudor. Imagino que muchos fascistas se sienten decepcionados de que su ídolo, su rey, su dios no era el personaje brutal, violento, despiadado que aparentaba ser, sino un manojo de nervios que se deshizo en pedacitos a vista y paciencia de todo el Perú.

Por : César Hildebrandt

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